sábado, 3 de marzo de 2012

Una carta de amor nunca entregada

"Su proximidad se hace presente cuando menos lo espero, las miradas soslayantes, los saludos temblorosos y los nervios disimulados acompañan cada encuentro por más casual o planeado que haya sido.

Los miedos, las manías, los resquemores, nada tienen que ver con los años, yo los tengo, usted los tiene, en mayor o menor medida; la capacidad, el deseo, el impulso de vencerles, de seputarles, será decisión propia, alentada por la conveniencia, la ayuda de estar él uno con la otra.

La prudencia no es en lo más mínimo una de mis virtudes, sin embargo mi impertinencia ha sido -por mucho- la que ha logrado acercarme a usted. Aclarado lo anterior (a manera de disculpa implícita por los difíciles momentos que le he hecho pasar ) solo tendría una petición que hacerle: no me saque de su vida.

No soy afecta a las promesas, pues me parecen un aferro natural de los humanos por combatir su traicionera naturaleza o condicionarla a una voluntad divina en espera de ser cumplida, sin embargo, en apego a mi (¿nuestra?) falta de doctrina, le empeño mi terrenal palabra de ser fiel compañera, fuera o dentro de una casa, de una cama, del espacio que desée para nosotros dos.

Y sabiendo que en algun momento apelará al antiguo Freud, me permito aclararle: No busco un padre... Busco un amigo, un amante, y en usted reconozco ambos; aunque también recelo y cautela, por ello, no me contradiga, aniquilaría mi ego y destrozaría mi corazón si lo hiciera.; aunque soy tan petulante que quiero creer que detrás de esa barba tupida y esos ojos escrutantes, distingo una deferencia que no le reconozco constantemente y creo que usted también distingue algo así en mí. Creo que usted y yo somos seres de la misma época, aunque hallamos nacido en fechas tan distantes, eso disculpa la familiaridad con la que me le dirijo aunque seamos practicamente desconocidos, pero... ¿Qué más da?, todos los grandes amigos, esposos, amantes, lo fueron un día.

Continuando con las promesas que se hacen cuando los pulsos se aceleran y la xerotonina inunda el cuerpo, le garantizo risas, caricias, buenos momentos, intensos también... De entrada me resisto a la mesura, y de nacimiento -le informo- renuncié a las buenas costumbres, no sé si esta revelación vaya en contra de mí misma, pues me ofrezco completa, en detrimento de la mística femenina... Aunque no hay mayor garantía de que usted un día lea estas líneas, más que alguno de esos locos impulsos que me asaltan cada día.

Con usted experimento sentimientos inexplorados; disfruto como con nadie escuchar de su voz, de sus historias, de sus fobias y radicalismos. En arranques por demás adolescentes he pasado horas (acumuladas desde luego entre lapsos de breves minutos) contemplando mi teléfono como un arte objeto, en espera de que a su tiempo se le escape algun mensaje para mí.


Me siento pues, como en los tiempos en los que fui adolescente..."

Hace poco me enamoré y escribí esta carta que nunca terminé, inconcluso también fue ese romance de una sola vía, pues fue mal correspondido, pero releyendo a Sabines, saltó a mis manos el papel que hoy transcribo, me tranquiliza saber que aún puedo sentir, aunque lo ofertado en estas líneas, ha perdido vigencia señor, ya no le amo más....